NADA ES IMPOSIBLE

Toda mi vida hice ejercicio, desde chiquita. Recuerdo haber competido en los 60 metros planos de atletismo representando a mi colegio en los inter-colegiales. Y en bachillerato jugar basket para llevarle la contraria al volibol y a esa malla que siempre me pareció del más allá.

En la universidad le hice ojitos a la piscina de al lado de mi escuela, de periodismo en la UCV, hasta que por aquella necesidad imperiosa de moverme comencé a entrenar a diario hasta el sol de hoy.

Nunca he pasado más de un mes sin trotar, subir cerro, hacer abdominales, estiramientos, cardio, pilates, yoga, spinning, bicicleta, streching, sin dejar por fuera lo más novedoso, como TRX, Heat, Taebo, zumba, kick boxing….he hecho de todo con una felicidad que no pueden imaginar…

Lo que nunca me imaginé es que luego de haber hecho ejercicio toda mi vida para cubrir una necesidad imperiosa de mi cuerpo, rodaría 8 horas seguidas en una bici fija de spinning, no sólo para cumplir un RETO, sino para ayudar a los niños de la Península de Paria y a la Fundación Reto Aguas Abiertas, que vela por la instrucción deportiva de los niños de la zona.

Al principio uno piensa que no puede hacerlo, Después intuyes que puede ser posible  si te entrenas bien, con ánimo, paciencia, perseverancia, si haces la dieta correcta, si lo sueñas….

Rodar 8 horas al aire libre en una bicicleta de spinnig  sólo bajándote para las necesidades esenciales, lucía muy difícil y extenuante, pero no imposible.

Sería como rodar de aquí a Maracay, 160 km, utilizando zapatos especiales, gastando entre 4000 a 6000 calorías, consumiendo durante el trayecto carbohidratos en gel,  electrolitos en pastillas esfervecentes, grageas  de sodio para los calambres y mucha agua.

Durante el trayecto pensé de todo. Al principio cuando las piernas aún estaban descansadas iba imaginando como la brisa deliciosa chocaba contra mi rostro, pero a medida que pasaban las horas, sólo mi mente y los deseos de seguir adelante, la preparación psicológica del hecho, fueron los que me llevaron al final.

Cuando faltaba una hora y media para el final juro que me hice muchas preguntas. Todas con respuestas.  Las mismas que me hago ahorita cuando pienso en mi país, en mi profesión de periodista, y en el futuro.

A las 8 horas descendí de mi bici sin calambres, con un dolor intenso en la rodilla izquierda y cuando intente bajar las escaleras no puedo decir que fue fácil. Sentí una satisfacción inmensa. No hay mejor placer que la sensación del logro eso de saberse apto para una tarea, no importa lo complicada que ésta sea.

La moraleja esta allí: en el acto mismo de conseguir el logro aunque parezca inalcanzable. En el acto mismo de reinventarse en la mitad de la vida, utilizando sólo tus músculos y cerebro para culminar la jornada.

No puedo negarles que el desempeño deportivo  me lleno de vigor  en momentos aciagos para el ejercicio del periodismo en mi país, con medios amenazados y autocensurados, con espadas de Damocles permanentes sobre la libertad de expresión y la libertad en Venezuela, con un resultado electoral inexorable, con la palabras adversidad y miedo abusadoramente inmersas en nuestro convivir.

Les dejo esta frase con la que deseo finalizar mi reflexión y además expresarles el extraño vigor que siento lleno de cansancio y lucha, el mismo que enfrentas cuando te bajas de la bici luego de 8 horas de intensa labor.

 

“No importa cuán estrecha sea la puerta,

Cuán cargada de castigos la sentencia.

Soy el amo de mi destino:

Soy el capitán de mi alma.”

 

El poema “Invictus” (escrito en el año 1875 por William Ernest Henley) es el poema que Nelson Mandela se recitaba a sí mismo un día y otro en la cárcel de Robben Island durante más de 20 años. El mismo le dio fuerzas y esperanza y le ayudo a consagrarse a su ideal y a sus sueños.

Graciela Beltrán Carías

@gbeltrancarías

30/10/2012