Sin líderes ¡no hay cambio empresarial!

Algunos líderes -como mi amigo Andoitz– llevan mochila en jornada laboral. También muchos de los investigadores de élite de  Azti-Tecnalia a los que entrené hace un par de años.
Y si bien es cierto que todo directivo acarrea una pesada mochila en el sentido metafórico del término (responsabilidad, presión y preocupaciones financieras) son pocos los que la llevan físicamente en la espalda quizá por su apariencia informal o falta de costumbre.
La mochila que aparece en la fotografía -sobre la moqueta granate del salón de actos de La Faktoria (Grupo Mondragón, en Bilbao)- ha transportado muchos de mis cuadernos con apuntes sobre el liderazgo, los equipos empresariales y las organizaciones como sistemas productivos complejos que perviven en entornos difusos.
Con mochila física o sin ella el conocimiento precisa mucha dedicación en: tiempo, esfuerzo, lucidez, persistencia, búsqueda activa de fuentes, criterio para desestimar los desvíos cognitivos, coraje para desenmascarar a los impostores (que mucho venden y poco saben) y olfato-tiento-suerte para descubrir a los sabios. Mi estadística particular arroja el ratio del descubrimiento de un sabio por década. Minimalista, aunque fértil e inspirador.
Siendo más escasos que el oro, cada vez que mi radar detecta a un sabio lo convierte en un mentor, alguien que como hiciera Méntor con Telémaco -el hijo de Odiseo-  vaya encauzando mi curiosidad hacia las fuentes, los puntos de referencia y las conexiones improbables aunque prácticas en resultados e inspiradoras en la innovación desde una doble vertiente: las personas y la tarea, las dos piedras angulares de los sistemas productivos.
La transferencia de conocimiento se produce a través del diálogo, la controversia, las lecturas compartidas, la reflexión, la consulta ética y la reprimenda contenida cuando la falta de tacto o conocimiento me han hecho resbalar.
La pepita de oro de la década del 2000 al 2010 fue Sabino Ayestarán, catedrático emérito de Psicología Social de la Universidad del País Vasco con el que tengo el honor de conversar en el Hotel Londres (su favorito)  tres o cuatro veces al año. Hoy ha sido una de esas ocasiones que vivo con gozo y -tras tomar nuestro aperitivo y repasar las novedades de nuestra vida mundana- nos hemos sumergido en la evolución de los equipos que facilita Sabino y aquellos a los que yo entreno. Hemos contrastado experiencias, discrepado en algunos matices y aplicaciones teóricas y finalmente la conversación ha fluido hacia el  liderazgo transformacional -desarrollado originalmente por James McGregor Burns y Bernard M.Bass-.
Hemos estado de acuerdo en que sin un líder carismático referencial es imposible que se produzcan cambios en las empresas. Por lo tanto el liderazgo es una condición necesaria y previa al planteamiento de cualquier innovación en las organizaciones.
El líder es necesario pero ¡no suficiente! porque han de darse al menos otras dos condiciones para que el cambio prospere: que el líder trabaje al servicio de la totalidad, del bien común, desarrollando el potencial de todas las personas con las que interactúa; y que los profesionales hayan sido formados como equipo en la cooperación y la competición sin las cuales las empresas tienden al encefalograma plano. Debido a este enfoque simple de explicar y complejo en su aplicación el verdadero liderazgo transformacional está abocado al liderazgo compartido, néctar al que Sabino y yo somos adictos.
Finalmente hemos repasado un diagrama que nos parece sugerente y en el que se vertebran muchas de las características de un líder tales como: integridad + claridad en los objetivos + encarnar un modelo referencial + tener visión global + comunicarse de una manera eficaz (y empática) + esperar lo mejor de cada miembro del equipo + dar apoyo permanente a todos + valor-coraje + reconocimiento de todo lo que los demás hacen bien + animar en la tarea + foco en los intereses y necesidades del equipo + ¡inspiración!
Mientras nos despedíamos me ha hablado del Grupo Vasco del Club de Roma en el que participa activamente y de las esperanzas que alberga entorno a estos foros de reflexión sin los cuales la humanidad avanza hacia la barbarie.
Fuente
28/09/2015