5 tips para comer saludable (aun con una vida agitada)

Entre tantas cosas que hacer día a día muchas veces se deja de lado el hecho de comer saludable. Basta con tener la intención y la disposición para que los pretextos como el tiempo, las prisas y el ritmo de vida no dejen huellas en tu salud. Si miras a tus alrededores verás que la oferta de comida saludable no es tan frecuente o tan accesible como lo pudiéramos desear, pero eso no es excusa para no comer saludable.

Comer saludable en medio de un estilo de vida tan agitado como el de una ciudad requiere que trabajes mucho en tu organización.

Organízate

Aprovecha un par de horas de tu fin de semana e inviértelas en planear un menú, o aún más sencillo, contacta un nutricionista para que lo haga por ti. ¿Tampoco tienes tiempo para una consulta? Si buscas, encontrarás que hay muchos nutricionistas que ofrecen servicios en línea, precisamente porque sabemos lo difícil que puede resultar hoy en día encontrar un espacio en la agenda. Habla con un nutricionista acerca de las necesidades que tienes; te aseguro que sabrá qué hacer al respecto.

Una vez que tengas el plan a seguir en tus manos, invierte un par de horas en ir de compras por lo necesario. Lo ideal sería que todo lo compres en el mismo lugar para ahorrar tiempo y dinero. Si vas comprando todo por separado, a la larga se notará en tu billetera.

Dedica otras pocas horas en preparar tus alimentos. Puedes preparar el domingo algo para los siguientes tres días, y el miércoles para otros dos. O bien, si así lo decides, el domingo preparas para toda la semana.

Estas horas que estás dedicando las recuperarás a lo largo de la semana al no tener que ir de compras de nuevo y ponerte a cocinar o a guardar todo en su respectivo recipiente.

A la hora de comprar piensa que entre más práctico y menos complicado, mucho mejor. En vez de comprar fruta que tengas que partir, opta por plátano, manzana o pera; prácticamente la lavas y la guardas para después. No requiere que la laves, la piques, la guardes y más tarde laves el recipiente. Otra opción que puede ahorrarte tiempo (pero tal vez no mucho dinero) son las frutas y los vegetales que ya vienen empaquetados, lavados y listos para comer.

Puede parecer engorroso al principio, pero es cuestión de formar un hábito en pro de tu salud.

Aprende a elegir

Casi puedo asegurar que no podrás escapar de las idas a comer fuera con tus compañeros de trabajo. En estos casos no estarás tú directamente a cargo de tu alimentación en cuanto a la preparación de tus alimentos.

Pero eso no quiere decir que si la hamburguesa que pediste llevaba patatas fritas, las tengas que comer casi a fuerza. Se ha dicho que el que paga, manda. Así que pide una ensalada para acompañar tu hamburguesa en vez de las patatas, o que tu pescado vaya a la parrilla y no frito, o una sopa de verduras en vez de arroz si piensas comer pan o pasta. En teoría, los menús de los restaurantes deben tener marcadas las opciones saludables. Si es así, puedes optar por una de esas. No te dejes ir simplemente por las ensaladas; muchas veces no son tan saludables como lo parecen.

No omitas el desayuno

Saltarse el desayuno no es una opción. El cuerpo viene del ayuno de toda la noche. Por piedad, no le hagas la maldad de dejarlo sin combustible por horas y horas. Piensa que si llegas a la oficina, te pones a trabajar y los pendientes te consumen, estarás tan metido en lo que tienes que hacer, que muy probablemente te quedarás sin desayunar. Si de plano no tienes tiempo de sentarte a desayunar, come algo práctico en el trayecto. Un yogurt, un sándwich y una fruta son una buena opción. Alimentos que puedas sostener con una mano y que no necesites un tenedor o cuchara para poder comerlo.

Snacks saludables

En vez de ir por una golosina, ten a la mano snacks que no saboteen tu intento de llevar una alimentación saludable. Las nueces, almendras y cacahuates pueden ser una buena opción. Las frutas y las verduras siempre serán preferibles. Aunque tampoco hay que abusar. Si es tanta tu necesidad de estar comiendo, algo debe andar mal con tus comidas fuertes. No te están saciando tan bien como deberían. Valdría la pena una revisión y un ajuste para revisar qué anda mal.

Date tu tiempo

Estoy segura de que comer con prisas es una de las cosas más molestas para mí y para muchísimas personas más. Cuando llegue la hora de comer, tómate el tiempo de saborear y masticar tus alimentos. No por el hecho de que haya que masticar veces cada bocado; es cierto que de alguna manera se facilita la digestión, pero hazlo mejor por el mero hecho de disfrutar la comida.

Hay que acabar con el “…es que cerca de mi oficina no venden nada saludable” . Es muy poco probable que el entorno cambie; resulta más viable que el cambio lo hagas tú.

Lograr el hábito de comer saludable no es cosa sencilla. No desesperes y sigue intentando nuevamente cada día.

Es tu cuerpo quien te agradecerá.

 

Fuente

30/10/2015