La magia del verbo ¡hacer!

Mi bello oficio es un privilegio porque me sitúa al borde del acantilado desde el que mis clientes y yo saltamos al vacío donde los proyectos se hacen realidad. Work in Progress! No imagino nada más hermoso porque en la búsqueda de una vocación rentable y con sentido, algunos inventan profesiones necesarias y divertidas en el vertiginoso cambio del juego empresarial.
Estar un rato al borde del acantilado junto a genios grandes o pequeños resulta la materialización de un sueño; el sueño de hacer un trabajo que amo y permanecer en contacto con el universo (Otto Scharmer, MIT). Y ¡de repente! un día aparece Gary Cooper.
El Gary Cooper (con el que tengo el honor de trabajar) encarna el prototipo del profesional liberal del siglo XXI y -de alguna manera- sus zozobras resuenan con la sociología de una generación de intelectuales que a diario se palpan las entrañas y las neuronas para comprobar que todo está ¡en el lugar que corresponde!
Se atusan el debo/ quiero/ puedo, así como la creatividad/ prosperidad, la abstracción/ concreción, la fluidez y el control. Y en esos equilibrios se mueven Gary Cooper y su sombrero de ala ancha (en la base de la fotografía superior).
La madeja del pensamiento de Gary Cooper es potente. Así que cuando preparo las sesiones de trabajo con él busco cómo sacarle con suavidad de la centrifugadora de su intelecto para que descubra otros enfoques, caminos, opciones y realidades que faciliten el logro de objetivos profesionales.
Al final del último entrenamiento le propuse el “juego de los sombreros” -nada que ver con Edward de Bono- en el que se dibujan los “roles” que uno vive: padre, profesional, amigo, esposo… y el resultado final fue sorprendente. Sorprendente para él ¡que es lo que importa!

 

Utilizar el hemisferio derecho del cerebro (arrinconando la tiranía del izquierdo), silenciar el juicio, dejarse llevar por el niño que todos llevamos dentro, fluir con el lapicero sin saber dónde va el trazo, y observar la propia evolución de sus emociones ¡le fascinó!
Poco que hacer por mi parte excepto permanecer sentada a su lado al borde del acantilado, de su abismo interior, de la evolución del tamaño del ala del sombrero que quiso acortar (y lo hizo utilizando tipp-ex). Formulé algunas preguntas cuyas respuestas encontró inspiradoras. Escuché con profundo respeto la transición de sus momentos. Me preguntó si podía llevarse el dibujo…
Hoy me ha escrito para compartir que está remodelando su despacho y descubriendo porqué le aprieta el sombrero de ala, porqué necesita las plumas de indio y qué sentido tiene el último y ultraligero sombrero triangular que -como Gary Cooper- ¡está en los cielos!
La magia del inconsciente volcado con low technology + profunda escucha + sagrado respeto + silencio + su timing, conclusiones y plan de acción. ¡Un lujo! trabajar con profesionales con sombrero de ala. ¿Ancha?
Fuente
02/10/2015